CAPITULO 25

SAMANTA

—¡Por Dios! —Rick de inmediato se incorporó para cubrir mi cuerpo y yo me encargué de acomodar mi blusa. Oí aquella risa familiar que me puso en alerta—. Sabía que algo se traían entre manos.

Me puse a temblar y Rick se volteó a mirarla mientras a mí me invadían unas intensas ganas de llorar.

—¿Qué haces aquí? &mda

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