Horas más tarde, cuando el avión aterrizó finalmente en el aeropuerto JFK de Nueva York, Kerem se sintió como un hombre renacido, el aire fresco y vivificante de la ciudad llenó sus pulmones, trayendo consigo un soplo de esperanza que había estado ausente por demasiado tiempo.
Pero no había tiempo para dejarse llevar por la euforia del momento, con pasos rápidos y decididos, Kerem se dirigió hacia la salida del aeropuerto, donde tomó un taxi.
Le dio al conductor la dirección de su empresa secr