En el hospital, las luces fluorescentes brillaban con una frialdad clínica sobre los pasillos interminables. El aroma estéril a desinfectante llenaba el aire, acompañado por los sonidos apagados de pasos apresurados y el ocasional timbre de un teléfono.
—¡Necesitamos ayuda aquí! ¡Un hombre ha sufrido un ataque al corazón!
La voz de Kerem resonó a todo volumen mientras irrumpía por las puertas de emergencia, su rostro estaba tenso por la angustia. En sus brazos, cargaba el cuerpo inerte de su pa