Las carreteras montañosas, solitarias y empinadas de aquella tarde, se transformaron de repente en el escenario de una tragedia aterradora. El lujoso sedán de la Gran Señora Moreno descendía a una velocidad anormal por una peligrosa pendiente. Dentro del vehículo, el conductor estaba completamente desesperado, pisando el freno una y otra vez sin obtener respuesta alguna: el sistema de frenado había sido saboteado por los hombres de Raymond.
¡Chiiiiiiit!
El chirrido ensordecedor de los neumático