El ambiente en el comedor principal de la mansión de Long Island era especialmente tenso aquella mañana. El tintineo de los cubiertos contra la porcelana sonaba lento y pesado, rompiendo el rígido silencio que se extendía entre las dos mujeres sentadas frente a frente. Dave aún no había bajado del piso superior, dejando que la tensión se espesara cada vez más en el aire.
La Gran Señora Moreno dejó su taza de té de porcelana sobre el plato con un movimiento elegante y perfectamente calculado. Su