Adréis estacionó su auto como pudo y saco a Talía en brazos.
Mili llevaba bolso y zapatos en mano,adelantándose para abrir la puerta del apartamento, en planta baja. Al llegar, despejó el cuarto de su amiga, sacó las sábanas, el cobertor blanco, para que Adréis la acomodara. Ella le quitó el vestido —fácil de despojar por sus botones delanteros—, mientras él buscaba el pijama. Entre ambos pusieron el pijama a Talía, era fatigoso, pero valía la pena rozar las manos de Adréis, sentir su tacto, la