Mientras Rebecca iba por su padre, Yolanda se ocupa de cerrar bien la puerta del apartamento. Aquel auto parado durante gran parte de la noche, seguía provocando en ella angustia.
Las amenazas que recibió en aquel entonces, fueron suficientes para ella. El poder que poseía el magnate multimillonario era evidente.
—Vamos a la habitación, Sofía. Y si escuchas el timbre por favor no salgas.
—¿Por qué madrina? —dijo la niña, quien se había acostumbrado a escuchar a su hermana llamándola de esa