El ruido no terminó cuando se apagaron las luces del desfile.
Al contrario.
Fue ahí cuando comenzó el verdadero estruendo.
Los días siguientes se sintieron como una marea constante golpeando los cimientos de la empresa. Comunicados oficiales, entrevistas solicitadas, columnas de opinión que analizaban cada gesto, cada palabra, cada decisión. Algunos defendían. Otros atacaban. Muchos especulaban.
Yo observaba todo desde una distancia extraña, como si una parte de mí estuviera cansada de reaccion