Sofía acababa de suspirar de alivio tras lograr finalizar la revisión del diseño para su cliente cuando su móvil vibró sobre el escritorio.
El número que apareció hizo que su frente se frunciera al instante.
Señor Ramos.
Inmediatamente levantó el teléfono.
—Hola, Señor Ramos.
—Buenos días, Señorita Sofía —la voz del hombre de mediana edad sonaba formal como siempre, tan rígida y sin emociones como un contestador automático—. Disculpe la interrupción de su horario de trabajo, pero hay una pequeñ