Liam detiene la enorme SUV negra, un «auto familiar» que para él es modesto, pero que en el barrio de Abril brilla como un diamante en un basurero. Frente a una hilera de casas desgastadas desentona completamente y no pasa desapercibido.
El motor ruge con suavidad antes de apagarse, atrayendo de inmediato las miradas de los vecinos que curiosean desde sus ventanas o las esquinas.
—¿Segura que es aquí, Marconi? —pregunta Liam, mirando con desconfianza un bache que parece tragarse la mitad de