Justo en ese momento de extrema tensión silenciosa, Mía, que está relativamente tranquila, deja caer su anillo de goma al suelo y suelta un llanto agudo, frustrado y repentino. Abril intenta mecerla de inmediato, pero la bebé está cansada, arqueando la espalda y llorando con esa fuerza ensordecedora y abrumadora que solo los infantes poseen.
—Shh, mi amor, ya pasó. Todo está bien, mamá está aquí —arrulla Abril, poniéndose de pie y balanceándola con ritmo, pero Mía no cede en su rabieta.
Liam se