El inmenso salón principal del departamento, habitualmente un oasis de sofisticación minimalista y silencio, se transforma esa mañana en lo que Abril solo puede describir como una sala de interrogatorios digna de la CIA.
El escritorio de cristal de Liam está movido estratégicamente hacia el centro de la sala, con la luz de los inmensos ventanales de Milán dándole en la espalda para oscurecer su rostro y, presumiblemente, intimidar aún más a las desafortunadas víctimas sentadas frente a él.
—Ina