En cuanto Liam pone un pie en el cuarto, nota que ahora huele a colonia de bebé y lavanda.
Mía empieza a lloriquear en la cuna de madera que Dante armó bastante bien. Abril la levanta con una delicadeza infinita, la acomoda en sus brazos y le lleva el biberón a la boca. La bebé se calla al instante, succionando con avidez mientras sus manitas se aferran a la camisa de Abril.
Liam se queda en el marco de la puerta, observando la escena. A pesar de la furia que Abril debe sentir, sus movimientos