El silencio que se instala en el pent-house es denso, pesado y frío, como si las paredes de cristal hubieran absorbido todo el calor que traían del humilde barrio de los Marconi. El único sonido que rompe la tensión en la sala es el tintineo del cristal contra el metal que proviene de la cocina, donde Abril prepara el biberón con una calma que resulta aterradora.
Ella sabe que Liam debe saber de su vida, asegurarse de que no es una loca, pero eso debió pensarlo antes de llevarla a su casa, ¿no?