Veintiuno

Salomé se quedó mirándola con tanta ternura que incluso Violet se quedó sorprendida, no comprendía, el apego que al hombre le estaba ablandando el corazón de una manera exagerada.

Violet había pedido al guardaespaldas y chofer sentarse en la mesa del lado y ordenar.

—Ven princesa, te daré yo la comida —extendió Violet los brazos al recibir las órdenes.

Salomé no sé negó, pareció estar disfrutando el puré que le daba su madre, en tanto Ignacio, quien disfrutaba de su almuerzo, le hacía mimos, ca
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