Liana tocó su cabello, agradeció e indicó donde podía sentarse, en tanto organizaba la agenda, miraba a Violet y le sonreía.
«Ojalá que también usted conquiste al igual que la jefecita, al jefe, esa señora era tan …» Los pensamientos de Liana fueron interrumpidos por la salida de Ignacio y compañías de la sala de juntas.
Salomé, ya con sueño, le sonrió a Violet.
—Hola… mi nena preciosa, ven deja que mami te consienta un poco —extendió los brazos.
Salomé sonrió ampliamente y se negó, recostándos