Veinte

Liana tocó su cabello, agradeció e indicó donde podía sentarse, en tanto organizaba la agenda, miraba a Violet y le sonreía.

«Ojalá que también usted conquiste al igual que la jefecita, al jefe, esa señora era tan …» Los pensamientos de Liana fueron interrumpidos por la salida de Ignacio y compañías de la sala de juntas.

Salomé, ya con sueño, le sonrió a Violet.

—Hola… mi nena preciosa, ven deja que mami te consienta un poco —extendió los brazos.

Salomé sonrió ampliamente y se negó, recostándos
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