—Lo sé, Ignacio, es la costumbre, sé que es nuestra hija.
—Está bien, Violet, acostúmbrese rápido.
Le sobó la espalda a Salomé en brazos de Violet.
—Ignacio puede irse, Salomé estará bien y le avisaré lo que informen los médicos.
La miró con el ceño fruncido.
—¿Irme? ¿Se está escuchando Violet? Como puede ser tan inconsciente de pedirme que me vaya cuando mi hija está enferma.
—No, no lo malinterprete, lo digo por su esposa, debe entender que esto también le afecta a ella, Ignacio no es fácil el