—Gracias, es muy importante para mí, que piense en ella.
Se quedaron en silencio, Violet se acercó, dejó un beso en la cien de Salomé, la cubrió bien y regresó a sentarse.
Ignacio intentó ignorar la manera en que Violet sonreía, mientras parecía chatear en su teléfono, pero no tuvo éxitos.
—¿Por qué le gustan los hombres maduros, Violet?
Ella lo miró y negó con la cabeza al tiempo que sonreía, la pregunta no la esperaba.
—Tengo razones, así como usted las tiene para no gustarle las mujeres jóv