64. Las Alas de Gabriel
Le habló entre dientes a esta mujer estúpida y altanera que su hijo se había buscado de esposa.
El odio era palpable y Marlene miró a Emma con una ira sin control, aun así, se arrodilló y ambas comenzaron a suplicarle perdón.
Toc, toc, toc. La puerta volvió a sonar.
— Pase adelante – Emma dijo con voz suave
— Sra. Spencer, me ha mandado a buscar, en que puedo… ayudarla— el gerente se detuvo un poco al ver la escena interior echa un caos y a dos de su personal arrodilladas delante de una imponen