51. La buena acción
Era un reloj y por su aspecto, parecía muy lujoso y caro, como casi todo lo de este hotel.
Emma lo pulió un poco con un paño limpio suave y lo dejó encima de la cómoda.
No sabía su lugar exacto y era mejor no fisgonear de más, en eso, la puerta de entrada de la habitación, se abrió de repente.
— … seguro se cayó con tanto apuro. Busca en el auto, porque ese reloj es un obsequio de mi padre. Me pondré otro, ni modo.
— Disculpe, Señor, pensé que estaba desocupada la habitación, ya estoy finalizan