Cap. 37 En las garras del enemigo
—Pensé que te habías olvidado de mí —dijo Leila—. Ese lugar da miedo.
—Jamás me olvidaría de una amiga, eres mi amiga.
—Claro que lo soy, dime, ¿se casaron?
—Sí, y son felices, pero pronto voy a quitarles su felicidad a palazos.
—Esa, m*****a, fingió ser fea para acercarse a mi novio.
—¿Por qué lo haría?
—No lo sé… Creo que hay algo con eso, pero Troy debe ser mío.
—Y lo será, te lo aseguro.
Ella estaba ansiosa, necesitaba ver a Troy, estar cerca de él.
—Tengo que ser feliz.
—Calma, vamos a hace