50. Una inesperada certeza
Una lágrima derramándose por su rostro era solo el resultado de horas de contención, y es que por más que el brasileño había estado tratando de pensar con claridad y así poder iniciar una exhausta búsqueda que tuviese el precio que fuese, no podía dejar de sentirse del modo en el que lo hacía, cargado de ira, fiero rencor.
Después de colgar con el departamento policial de río y que le dijesen lo que ya sabía, que debía esperar veinticuatro horas para que esos ineptos pudiesen hacer algo al resp