27. ¿Estás escapando de mí?
Pese a su gran esfuerzo por permanecer indiferente antes la situación, no lo logró muy bien, de hecho, se le dio pésimo.
Cristo se había encerrado en su despacho con esa mujer hacía ya media hora y su cabeza no dejaba de dar vueltas a todo lo que allí probablemente estuviese sucediendo. Primero se escuchaban risas y luego silencio… un silencio que comprometía muchísimo y la hacía arder por dentro.
Ah, ¿qué le pasa? Era evidente que él no tenía ese tipo de encuentros solo con ella, no era la úni