—¿En serio?—
—Si.—
—Vale.—
Con la perspectiva de pasar la tarde con Belinda, a Edmond no le molestó ir a Port Angeles el viernes. Afortunadamente, para Belinda, ella no le indicó mal. Encontraron unas literas de pino en el Ejército de Salvación, y el dueño fue lo suficientemente amable para reservárselas durante una hora mientras iban a Windfall para ver si tenían algo mejor.
Fue como si estuviera allí en la tienda, esperándoles. O, más bien, esperando a Anthony.
Edmond y Belinda caminaron