Sin demora, Zack se lanzó encima de Sheily como la bestia enjaulada en que ella lo había convertido con sus juegos y la tomó con la firmeza y autoridad que necesitaba para sentirse contenida. La empaló de maravillas, haciéndola aullar del placer que antes había sido tan escaso, pero que ahora era tan abundante como la arena en el mar.
Y como si sus sentidos se hubieran despertado de un largo sueño, él la veía. Veía sus gestos, la forma en que su rostro reaccionaba a cada cosa que él hacía. La