Besándose como si no hubiera un mañana, Sheily y el abogado se infiltraron en el baño de mujeres. Estaba demasiado limpio para su gusto, pero serviría para salir del apuro.
Algo casual de vez en cuando no venía mal, intentar un flirteo normal, como cualquier mujer que había bebido de más y tenía la cabeza tan caliente como la entrepierna podía ser divertido.
Pero Sheily no era una mujer normal.
Desenredó su lengua de la del hombre y se apartó para mirarlo.
—Quiero que seas rudo conmigo, ¿pued