Con el primer gemido que escapó de sus labios, Sheily tocó el cielo. No creyó que todavía quedara para ella un poquito de piedad considerando los pecados que llevaba a cuestas.
Se aferró a Zack, dejándose sacudir por sus embistes, que de tan desesperados se volvían frenéticos. Había rabia en su forma de cogerla, de aferrarla y verla. Los ojos le ardían, la odiaban y ella prefirió no mirarlos. Llegaron así al primer orgasmo, furioso y arrebatador. En aquellos gritos y gruñidos, Zack dejó ir tod