Conteniendo el aliento, y sin hacer ningún ruido que delatara su presencia, Estefanía seguía oyendo la conversación de su jefe y Mateo.
Qué mal empezaba a caerle Mateo.
—No, no lo entiendo —declaró Johannes, con tono enérgico. Estaba molesto por la situación que le planteaba su socio y eso hizo respirar a Estefanía.
Su jefe podía ser un degenerado, pero en el fondo era buena persona y la defendería del insidioso Mateo, superficial y patán. Si la viera en su vestido nuevo se tragaría todas