Mundo ficciónIniciar sesiónAlberto Santana Jr. había creído, en algún punto de su vida arruinada y reconstruida, que conocía todos los sabores posibles de la humillación. Había probado la amargura del alcoholismo mientras su hermano Ricardo lo observaba con desprecio desde su trono corporativo. Había masticado la vergüenza de cada puñetazo que le había dado a Elena, cada moretón que había dejado en la piel de la mujer que había jurado proteger. Había tragado la bilis de cuatro años en reuniones de Alcohólicos Anónimos, confesando sus pecados ante extraños que lo miraban con una mezcla de lástima y desconfianza.
Pero nada, absolutamente nada en su catálogo personal de degradación, se comparaba con est







