Mundo ficciónIniciar sesiónLa sala de espera del Hospital Monte Sinaí olía a desinfectante y a desesperación. Las luces fluorescentes parpadeaban sobre las baldosas blancas que reflejaban cada sombra, cada movimiento nervioso de los cuerpos que esperaban noticias que podían cambiar sus vidas para siempre. Michaela Torres Santana estaba sentada en una silla de plástico azul, con las manos entrelazadas tan fuertemente que sus nudillos se habían vuelto blancos, mientras sus ojos permanecían fijos en las puertas dobles del quirófano como si la intensidad de su mirada pudiera atravesar el acero y alcanzar al hombre que yacía al otro lado.
Nick llevaba cuatro horas en cirugía.
Cuatro horas qu







