La señora me miró estupefacta, la dejé donde estaba, completamente escandalizada.
Hasta que visualicé a Holly y sus hijos.
—Es un poco de caos ¿no? —dijo mientras intentaba esquivar los granos de arroz que estaban lanzando desde afuera.
Tenía una sonrisa ancha
—Diría que un desperdicio—murmuré, viendo la cantidad de arroz en el suelo.
—Bebés, no se separen de mamá—tomó a los niños, uno en cada mano.
Unos cuantos granos de arroz cayeron en su cabello, estiré una mano para quitárselos.
—¿Qué hace