Si el pecado tenía una dirección en esta ciudad, era aquí.
Atravesar las puertas del Midnight Club no era simplemente entrar a un lugar; era sumergirse en un universo donde la moral se diluía con el champagne y los límites se desdibujaban con cada risa ahogada y cada susurro entrecortado.
Y yo… yo estaba en medio de todo.
Vincent me había dicho que quería que viera su mundo. Que lo viviera, lo entendiera, y entonces, escribiera sobre él.
Y vaya si lo estaba viviendo.
—¿Todavía respiras? —me mur