Lunes. Otra vez. Y no un lunes cualquiera. Era uno de esos lunes que sabías que iban a apestar desde el primer segundo en que abrías los ojos y sentías que hasta la luz del sol tenía ganas de pelear contigo.
La primera señal de que el universo estaba en mi contra fue cuando derramé café sobre el manuscrito que estaba editando. La segunda, cuando abrí el correo y vi el asunto:
“Sobre tu novela: URGENTE”
—lo cual, en lenguaje editorial, suele significar: “Hola, estamos a punto de arruinarte el dí