Vincent
A veces, la noche no trae descanso. Solo recuerdos.
Me apoyé en la baranda del ático del club, con un vaso de whisky que ni siquiera me molesté en probar. Abajo, todo seguía con normalidad: luces, risas, música que apenas llegaba a mis oídos. Y sin embargo, en mi cabeza solo había una cosa: Havana.
Y lo que debía saber.
El nombre de Milán apareció de nuevo en la conversación como una grieta en la pared que había intentado tapar mil veces. Pero ya era hora de contar la verdad. La mía. La