Café, confesiones y un asechador de lujo...
El aroma a café recién hecho flotaba en el aire mientras removía distraídamente el mío, viendo cómo la espuma hacía pequeños remolinos en la taza.
—Así que, déjame ver si entendí bien —dijo Valeria, mi mejor amiga, alzando una ceja mientras tomaba un sorbo de su capuccino—. ¿Un multimillonario misterioso te paga una cantidad obscena de dinero por escribir, pero además te quiere como su acompañante personal en su club privado?
Asentí con calma.
—Ajá.
—¿Y este club es…?
—Exclusivo. Muy lujoso.
—Y