C59. El susurro en las sombras.
Giovanni Ferrari
Me senté en la silla frente a ella, con los codos en las rodillas y la cabeza entre las manos. Alicia no dijo nada; se limitó a mecer a Anabella, observándome como si fuera una fiera herida. El silencio de la suite me obligó a soltarlo todo.
—Hace nueve años, en Amalfi, mi hija murió antes de nacer —solté, y las palabras me supieron a hierro—. Fue una complicación médica, pero mi suegra envenenó durante tanto tiempo a mi esposa que convenció a Florella de que fue un castigo div