C58. El precio de la libertad.
Giovanni Ferrari
El aire de la suite se volvió irrespirable. Las palabras de Alicia flotaban entre nosotros como astillas de vidrio. "Lo mejor es que renuncie". Sentí un golpe de calor en la nuca, un instinto de posesión que no pude frenar. No era solo por el trabajo. Era el pánico animal de volver a quedarme a oscuras.
—No puedes renunciar —dije.
Mi voz salió más dura de lo que esperaba, recuperando ese tono de mando que usaba para quebrar a mis enemigos.
Alicia se alejó de mí como si mi pres