C27. Perla.
Agata Castello
El frío de la pequeña casa que había alquilado. No se comparaba con el frío que me recorría la espina dorsal cada vez que miraba ese papel de la policía sobre la mesa de la entrada. Una orden de restricción.
Un Ferrari, usando las leyes de los hombres, intentaba separarme de lo único puro que me quedaba en este mundo podrido.
Me senté frente al pequeño altar que presidía mi salón, pero esta vez no buscaba la paz en los rezos. Mis ojos estaban fijos en el fondo de una Biblia viej