PROHIBIDO ENAMORSE DEL JEFE
PROHIBIDO ENAMORSE DEL JEFE
Por: Lunaroja
El primer error

Emilia Torres miró la hora por quinta vez.

7:54 a. m.

—No voy a llegar tarde… no voy a llegar tarde…

Apretó el vaso de café y aceleró el paso. Al levantar la vista, el edificio apareció frente a ella: Ediciones Áurea. Durante años había soñado con trabajar allí. Y, por fin, ese día había llegado. Respiró hondo.

—Vamos, Emilia. Tú puedes.

Entró. El lugar estaba lleno de gente. Algunos caminaban con carpetas en la mano. Otros hablaban por teléfono mientras esperaban el ascensor.

El olor a café recién hecho se mezclaba con el de los libros nuevos. A Emilia le encantó desde el primer momento.

—Buenos días —dijo el vigilante con una sonrisa—. ¿Primer día?

Ella soltó una pequeña risa.

—¿Se nota mucho?

—Un poco.

Le entregó un gafete.

—Piso doce. Recursos Humanos la está esperando.

—Gracias.

Justo cuando llegó a los ascensores, las puertas comenzaron a cerrarse.

—¡Espere!

Una mano las detuvo.

—Gracias… casi no alcanzo.

Entró rápidamente; solo había otra persona. Un hombre alto, de traje gris, camisa blanca. Miraba unos documentos en su tableta sin prestar atención a nada más.  Emilia acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.

“Qué hombre tan serio…”, pensó.

El ascensor comenzó a subir.

Piso tres.

Piso cinco.

Piso siete.

De repente, dio un pequeño movimiento.

El vaso de café resbaló de sus manos.

—¡Ay, no!

El café cayó directamente sobre la camisa del desconocido. El silencio fue inmediato. Emilia sintió que quería desaparecer.

—Lo siento muchísimo.

Buscó unas servilletas en su bolso.

—De verdad, fue un accidente.

Él miró la mancha unos segundos.

Después tomó una servilleta.

No parecía enojado.

Pero tampoco sonreía.

—Espero que esta no sea su forma habitual de presentarse.

Emilia levantó la vista.

No sabía si estaba hablando en serio.

—Le prometo que, por lo general, soy menos peligrosa.

Por un segundo… Pareció que iba a sonreír, pero no lo hizo. Las puertas del ascensor se abrieron y el hombre salió sin decir nada más.

Emilia dejó escapar el aire.

—Excelente…

Primer día y ya hice el ridículo.

—¿Emilia Torres?

Ella giró.

Una mujer de sonrisa amable caminaba hacia ella.

—Sí.

—Soy Laura, de Recursos Humanos. Bienvenida a Ediciones Áurea.

—Muchas gracias.

Mientras caminaban por el pasillo, Emilia observaba todo a su alrededor. Había estanterías llenas de libros, personas reunidas revisando manuscritos, diseñadores trabajando en nuevas portadas. Era justo como lo había imaginado.

Laura abrió una puerta de cristal.

—Adelante.

Dentro había una sala de reuniones.

Varias personas conversaban alrededor de una mesa.

Cuando Emilia entró, todos levantaron la vista.

—Buenos días.

Laura sonrió.

—Quiero presentarles a Emilia Torres. Desde hoy será nuestra nueva coordinadora de Innovación Editorial.

Una chica de cabello rizado le sonrió enseguida.

Un hombre con gafas levantó la mano para saludarla.

Entonces Emilia sintió que el corazón se detenía.

Sentado en la cabecera de la mesa estaba el mismo hombre del ascensor.

“No puede ser…”

Él también la reconoció.

Laura continuó hablando sin notar lo que estaba pasando.

—Emilia trabajará directamente con el departamento de Estrategia Editorial.

Luego señaló al hombre.

—Y él es Adrián Montenegro. Director de Estrategia Editorial, y tu jefe directo. Emilia sintió un nudo en el estómago. “No. No puede ser mi jefe.”

Adrián se puso de pie.

Caminó hasta ella.

Le tendió la mano.

—Bienvenida a Ediciones Áurea, señorita Torres.

Ella estrechó su mano.

—Muchas gracias.

Él sostuvo su mirada unos segundos.

Después dijo con total tranquilidad:

—Espero que el resto del día sea… menos accidentado.

Las risas llenaron la sala.

Emilia sonrió por educación.

Pero por dentro solo podía pensar una cosa.

Llevaba menos de media hora en la empresa… y ya había derramado café sobre su jefe.

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