Capítulo 45. Omisión de verdad.
El tiempo se detuvo por completo en el polígono de tiro subterráneo.
El rostro duro y bronceado de Alexander Voss palideció de golpe. La sangre abandonó sus facciones en un segundo exacto. Su piel se volvió blanca. Sus ojos se abrieron en una fracción de milímetro.
Fue una reacción física brutal. Un quiebre absoluto en la máscara de hielo impenetrable del líder militar.
Lidia notó la pérdida de control de inmediato. Su cerebro de abogada registró el dato con asombro. Jamás, ni siquiera bajo fue