Capítulo 44. Lazos de sangre.
El estruendo ensordecedor rebotó contra las gruesas paredes de concreto armado.
Un disparo. Dos. Tres consecutivos.
El olor a pólvora quemada, aceite de armas y plomo caliente inundó el aire frío y encapsulado del polígono de tiro s. Los casquillos vacíos de bronce saltaron por el aire desde la recámara de la pistola. Chocaron contra el suelo de cemento gris con un tintineo metálico y agudo.
Mariana Montenegro bajó el arma despacio. Sus brazos temblaban de forma visible.
El retroceso de la pist