Capítulo 30. Su única salvación.
Mariana cayó de rodillas.
El impacto contra la tierra congelada fue seco. Violento. Un dolor sordo le subió por las espinillas, pero desapareció rápido. El hielo anestesió el golpe al instante.
Esa fue la peor señal clínica. Ya no sentía el dolor.
La pistola resbaló de sus dedos rígidos. Cayó al suelo. El metal pesado chocó contra una roca con un ruido metálico y definitivo.
Mariana bajó la mirada hacia el arma negra. Quiso estirar el brazo derecho. Quiso recuperar el control de acero que había