Capítulo 124. Muro de plomo.
Una bala destrozó el marco de madera de la ventana.
Las astillas volaron en todas direcciones.
—¡Abajo! —gritó Claritza.
Empujó a Lidia contra el piso cubierto de polvo y hielo.
Olivia no se escondió. Apoyó el cañón de su rifle M4 en la ventana contigua. Apretó el gatillo sin dudar.
Disparó una ráfaga corta. Tres balas.
Un grito ronco resonó en la oscuridad de la colina. Un mercenario ruso cayó hacia atrás, rodando por la nieve pesada.
—Faltan siete —informó Olivia. Su voz fue fría. Analítica.