Mundo ficciónIniciar sesión—¿Están tranquilos? —La voz del hombre era ronca y cansada.
Guido pudo ver que tenía enormes ojeras bajo los párpados y que sus manos temblaban un poco, posiblemente por el agotamiento o por el estrés. En los últimos días había tenido que hacer milagros para montar todo aquello.
—Más de lo que se podría esperar para la manera en que los saqué de la casa —respondió, caminan







