Sophia mejoró gradualmente durante los dos días siguientes. La fiebre cedió, su apetito regresó, y aunque seguía débil, el médico declaró que lo peor había pasado. Clara apenas había dormido, dividiéndose entre cuidar a la niña y prepararse mentalmente para lo inevitable.
Mañana. El Conde D'Armont llegaría mañana.
La carta de su padre ardía en el fondo de su cajón, escondida pero nunca olvidada. Clara había considerado contarle a Adrian, pedirle ayuda, suplicarle protección. Pero cada vez que se