Cuando llegan al final del pasillo, se encuentran con un par de guardias patrullando, y en cuanto los ven, se apresuran a interrogarlos, pero en el momento en que ven a Mia todos se detienen en seco y se inclinan. Soraya pone los ojos en blanco con fuerza cuando ella sonríe con orgullo.
—Me encantaría ver al antiguo beta.
—Por aquí, luna —responde uno de los guardias, y los conduce por las escaleras.
Soraya odia el hecho de que todos se dirijan a ella como luna. Mia no es su luna, es ella. Sin