Cuando terminaron, Helen no podía sentir sus órganos abdominales y le dolía la garganta por todos los gritos que hizo mientras el rey metía y sacaba su gran polla dentro y fuera de ella.
Había sido diferente.
Intenso.
Ella sintió su polla en su hígado. Allá arriba.
Había masticado y exprimido las sábanas. Nunca había sentido algo tan doloroso y, al mismo tiempo, tan placentero. Estaba sin aliento. Su mente estaba en blanco. Lo único que tenía en los labios era el nombre del rey y cada vez que