Eran las nueve de la noche.
El rey Ares acababa de llamar a Helena y ella iba a su habitación para poder pasar la noche juntos. Desde que tuvo esa escalofriante conversación con Alfa Ace sobre dejar este castillo, ella no había sido ella misma.
Él escupió hechos crudos en su cara e incluso su ilusión no pudo evitar que ella los aceptara como la verdad.
El rey Ares no la amaba.
A él no le importaba ella.
Su repentino cambio de actitud hacia ella se debió al niño que llevaba y después de que ese