Valencia se ríe entre dientes.
—En efecto. ¿Recuerdas cómo solíamos jugar a las casitas cuando éramos más cachorros de lo que debíamos ser?
Se ríe porque fue una de las épocas más vergonzosas de su vida.
—Construimos casas muy malas —recuerda.
Valencia se carcajea.
—Mi favorito personal era cuando usábamos escobas y una manta. Se nos caía encima cada vez que pensábamos que estaba estable.
—Oh, eso ni siquiera se acerca a cuando intentamos hacer una casa en el árbol con leña. Las criadas estaban