—Maldita sea —murmuró Leo en voz baja—. Me vas a volver loco-. Le dio un beso rápido en los labios. —Te amo, mi cielo. Muchísimo -confesó y se cernió sobre ella mientras besaba sus labios suavemente y ella lo sostenía por los hombros.
Ella se puso rígida sintiendo algo tocando su entrada. Ella ni siquiera se dio cuenta cuando se deshizo de sus últimas prendas.
Agarrando su miembro, Leo lo frotó de arriba a abajo por su intimidad haciéndola temblar.
—Are que sea lo menos doloroso posible. —Él